viernes, 31 de enero de 2014

El anillo insular no es la solución


La hipermovilidad es el exceso de la actividad humana vinculada al transporte; una hipertrofia que se hace patología en lo económico, lo social y lo ambiental. Demasiados recursos y energía puestos al servicio de una actividad que acumula en exceso residuos e impactos; que demanda insaciablemente inversiones económicas públicas y privadas a costa de otras necesidades sociales. 


Conviene recordar que en el borrador del primer Plan Insular de Ordenación de Tenerife, finalizado en 1971 por parte de la consultora Doxiadis Ibérica, ya se hablaba de construir un anillo insular de autopistas en la isla de Tenerife. Aquel documento cristalizó al año siguiente en el Plan Insular de 1972. Un planeamiento que contemplaba muchas de las actuaciones en el territorio llevadas a cabo con posterioridad y que cambiaron para siempre la fisonomía y la realidad económica de la isla picuda; aeropuerto Tenerife Sur, autopista TF-1, polígonos industriales de Güimar y Granadilla, desarrollo turístico en el sur de Tenerife, consolidación del polo turístico del Puerto de la Cruz son algunos ejemplos.

Lo insólito de todo ello es que, más de cuatro décadas después de ese documento, se justifique por parte del poder político y económico actuaciones e infraestructuras pensadas en plena época franquista y en una etapa que algunos han catalogado de desarrollista. Como hemos dicho, el anillo insular (también el puerto de Granadilla) es una de estas actuaciones proyectadas en un momento de la historia de las Islas donde las dificultades económicas y la completa ausencia de sensibilidad ambiental podían justificar su necesidad.

Que el Cabildo de Tenerife considere prioritaria la construcción de esta infraestructura, tal como ha anunciado el presidente de esta corporación, muestra la obsolescencia y el retraso de esta institución en la utilización de mecanismos y herramientas más modernas, democráticas y receptivas a la cuestión medioambiental para solucionar la problemática del tráfico en Tenerife. Las principales ciudades europeas que de verdad pretenden solucionar la disyuntiva de la congestión en sus centros han optado, desde hace ya algunos años, por fórmulas orientadas a disuadir el uso del vehículo privado y potenciar el uso de transportes colectivos.

Esquema teórico de ordenación. Plan Doxiadis. 1971
Intentar contener un parque automovilístico en continuo crecimiento ofertando más viales, hace un flaco favor a la solución real de este dilema. Al contrario, supone incentivar aún más el uso del vehículo privado en los desplazamientos de la Isla y prepara el terreno para continuar ofertando más actuaciones de este tipo en un futuro. De hecho, el estudio presentado por el Cabildo de Tenerife estima una generación de tráficos nuevos por las nuevas y mayores posibilidades de comunicación del 15%. Asimismo, contempla que la nueva vía alcance el punto de saturación de su capacidad a partir del año 2021.

Ante este panorama, ¿Desea el Cabildo solucionar realmente el importante problema de cogestión que sufre la Isla? ¿Qué sentido tiene una actuación como el anillo insular, enormemente impactante desde el punto de vista ambiental, si pasados unos años nos encontraremos con el mismo problema? ¿No significa esto posponer la solución real de esta cuestión mientras se continúa beneficiando un modelo económico que solo favorece al sector de la construcción? ¿No es un completo fraude a la ciudadanía que el Cabildo venda a la opinión pública un remedio al persistente colapso del tráfico en Tenerife que no es tal?

La presentación de hace unos días del presidente del Cabildo y su consejero de carreteras del informe coste-beneficio del cierre del anillo insular en la isla de Tenerife, presenta dos curiosidades adicionales: La primera tiene que ver con la configuración del propio informe. Desconocemos si este documento es transparente al ciudadano pero existe evidencia solvente de que los análisis coste beneficio no son más que instrumentos utilizados por el poder para justificar las decisiones que más interesan a una corporación. Sobre todo cuando dichos informes no se someten a una discusión pública y transparente que permita conocer la filosofía interna del mismo. ¿Cuáles son las hipótesis que sustentan la aseveración de que el coste económico de no tener terminado el proyecto se presupuesta para los ciudadanos en unos 269 millones de euros al año?

En segundo lugar, se intenta justificar la obra por el supuesto ahorro de tiempo que generaría el desplazamiento del usuario entre las zonas Norte y Sur de la isla. Un ahorro de tiempo que tendría como consecuencia una reducción en el nivel de emisiones de CO2 registradas anualmente en Tenerife. Pero ¿Se producirá realmente un ahorro de tiempo en el trayecto Norte – Sur con un parque creciente de automóviles al que nadie pretende poner coto? Parece más sensato pensar que ese ahorro de tiempo, si se produce, será pasajero y durará lo que tarde en masificarse la nueva infraestructura. En cualquier caso, privilegiar el ahorro de tiempo sobre la destrucción medioambiental que supone una intervención como el anillo insular, muestra claramente la relación de valores y prioridades que subyace tras las decisiones tomadas por nuestras autoridades.

En un territorio limitado como el de nuestras islas, enormemente castigadas por un urbanismo desaforado, este tipo de actuaciones, catalogadas interesadamente de soluciones, suponen continuar profundizando el deterioro ambiental de Canarias. Las Islas, junto con Madrid y Baleares, es una de las comunidades autónomas que más contribuyen a la generación de gases de efecto invernadero per cápita debidas al transporte. Parece que los que detentan el poder local no quieren enterarse y además engañan descaradamente a los ciudadanos.

martes, 28 de enero de 2014

Aquellas pistas, estos pasajeros



(…) ése es el documento que se firmó y es el que va a misa. No ha habido ninguna variación al respeto. En él quedan registradas claramente las tres pistas del Reina Sofía, la actual, la Norte y la Sur; que la definitiva sería la Norte y que solamente en caso de emergencia se acometería la pista Sur (…) 


Hace ya más de 12 años los políticos de la Isla de Tenerife, con el presidente del Cabildo a la cabeza, esperaban como agua de mayo la presentación del Plan Director del Aeropuerto Tenerife Sur por parte de AENA. Era julio y deseaban irse de vacaciones con la tarea hecha; la constatación de que AENA y el Ministerio de Fomento tenían muy claro que las instalaciones aeroportuarias del sur de la Isla requerían una segunda pista de rodadura, además de otras inversiones menores. El Plan se aprobó a lo largo del año 2002 y preveía una afluencia de 13,79 millones de pasajeros para 2010 y de 16,22 millones para 2015 (Pág. 4.2). El gráfico que pretendía pronosticar la evolución del tráfico de pasajeros era paradigmático de una filosofía expansiva y desarrollista que parecía tender al infinito (Pág. 4.3).

No Incineración
Por supuesto, el debate político y social necesario para acometer este tipo de intervenciones en un territorio reducido como el de Tenerife brilló por su ausencia. En aquel entonces, como continúa ocurriendo hoy, ni se reflexionó sobre la necesidad de la misma ni se aportaron pruebas solventes de que Tenerife requería una instalación de estas dimensiones ni se habló de otras alternativas. En una especie de enajenación colectiva, los medios apoyaban la actuación, los técnicos de turno aportaban una visión favorable presuntamente experta e independiente, políticos de todos los colores manifestaban que una segunda pista en el Sur de la isla solo podía traer parabienes, e incluso amenazaron con movilizaciones en caso de que las inversiones no se ejecutaran.

En aquel entonces, se aseguraba que la segunda pista era una realidad y que ya estaba dada. De hecho, el entonces presidente, Ricardo Melchior, era partidario de que las negociaciones se desarrollaran sin demasiada luz ni taquígrafos, no fuera a ser que, por lo endeble de las justificaciones aportadas en este asunto, las inversiones volaran a la isla vecina o a otro lugar de la geografía española. Unas declaraciones que también revelaban un genuino modo de entender la política donde lo que era de interés general se imponía de forma claramente autoritaria (¿Hay alguna diferencia con lo que ocurre hoy día?). Es más, en un gesto de suficiencia que rayaba la locura se llegó a hablar de la construcción de una tercera pista. ¿Para qué tener dos si podíamos tener tres? Un comportamiento despilfarrador y antidemocrático que al cabo de la presente crisis ha resultado ser un lugar común del poder económico y político en las regiones españolas. Hace más de una década, Canarias no era muy diferente de esas comunidades que basadas en el poder del caciquismo local se creían punta de lanza del desarrollo español mientras la desigualdad social se enquistaban en sus entrañas.

Pues bien, si acudimos a las estadísticas de tráfico de pasajeros que publica AENA anualmente, vemos que el volumen de pasajeros que pasó por el aeropuerto Tenerife Sur durante el año 2013, uno de los mejores años para las Islas en cuanto a negocio turístico, llegó solo hasta los 8,7 millones. Y eso no es todo, AENA acaba de reconocer que Tenerife Sur es una instalación aeroportuaria que opera al 36% de su capacidad.

Resulta interesante acudir a las hemerotecas en este tipo de cuestiones porque nos iluminan sobre cómo se justifican y se han justificado ciertas decisiones en Canarias, cómo se vende a la opinión pública proyectos innecesarios socialmente y a quiénes benefician y perjudican. Sobre todo porque, salvo algunas honrosas excepciones, parece que hoy día existe un modo de proceder en la política canaria muy similar a la de hace unos años. Pocas cosas han cambiado. Y si no, reflexionen sobre lo que está pasando con el anillo insular.

domingo, 26 de enero de 2014

Prospecciones y UE

  
(…) a Bruselas no le consta que los proyectos de exploración de hidrocarburos "hayan sido autorizados hasta el momento" y "todavía no se ha emitido el impacto medioambiental" del proyecto (…) 


Nos acostumbramos a acudir a las instituciones de la Unión Europea, presunta garante del medio ambiente libre de combustibles fósiles y contaminación, cada vez que percibimos que el territorio, el medio ambiente que posibilita nuestra vida y nuestras acciones, se ve amenazado por la acción de una empresa, un gobierno o cualquier otro actor. Una legislación que, en teoría, castigaría a aquellos actores acostumbrados a considerar el territorio como exclusivo sumidero de los residuos que generan.

Y lo cierto es que en Europa existe todo un cuerpo legislativo orientado a la protección del medio ambiente y también al impulso de la energía basada en fuentes renovables. Ahí está el compromiso de los Estados miembros de reducir el consumo de energía primaria en un 20%, en potenciar las renovables o en limitar los gases de efecto invernadero para el año 2020. Una legislación que ha contribuido a crear la ilusión de que hay una institución última en la esfera supranacional a la que siempre podremos acudir como ciudadanos y que garantizaría nuestro derecho a un medio ambiente de calidad.

Sin embargo, lo cierto es que esta normativa existe solo sobre el papel y que a la hora de la verdad, en el momento de su aplicación, tanto desde el punto de vista punitivo como desde la óptica de sentar unas bases sólidas para potenciar un entorno más favorable a políticas más ecológicas, la UE se ha quedado corta o sus resultados han sido muy laxos. Al contrario de lo que estamos viendo al nivel de la política económica, donde la capacidad de decisión y acción de los países miembros está subordinada a las órdenes más o menos directas que provienen del BCE, la Comisión Europea o la mismísima Alemania, en la esfera ambiental corresponde a las autoridades de los Estados nacionales tomar una decisión que sea gravosa o no para el medio natural. Y aunque estas decisiones deben respetar la legislación europea, en la práctica se pasan por alto muchos derechos ambientales reconocidos en la normativa.

Consecuencia; mientras esperábamos esas supuestas resoluciones de la UE favorables al medio ambiente, se han perpetrado los mayores desafueros. Dónde estaba la legislación europea cuando el urbanismo desaforado español se expandía por su territorio en los últimos 20 años, qué tiene que decir la UE ante los últimos cambios operados en la ley de costas española; y qué decir de la creciente privatización, auspiciada por la propia Comisión Europea de un recurso esencial para la vida como es el agua.

En esta dinámica quizás tenga mucho que ver el hecho, muchas veces denunciado, de que las instituciones europeas tienen un gran déficit democrático. Esto las convierte en fáciles presas de la acción, cada vez más directa y visible de grupos de presión con pocas o ninguna intención de elevar la protección del medio ambiente al panteón de los valores comunes. La única institución elegida por medios democráticos es el Parlamento europeo y su peso dentro del conjunto de las instituciones europeas es, al menos, discutible. Es la Comisión Europea la que en la práctica tiene más competencias. Un organismo con muchos defectos en el ámbito de la representación ciudadana. En la Revista Papeles la profesora Rodriguez Palop reflexionaba sobre la preservación de los bienes comunes en los textos constitucionales y se preguntaba ¿Cómo podemos definir y proteger el bien común en un mundo heterogéneo y conflictual en el que el código moral y el modelo político vigente forman parte del problema? A nivel europeo parece existir el mismo problema.

Valga esta larga introducción para mostrar nuestro escepticismo ante la capacidad real de la UE de paralizar las prospecciones que Repsol tiene previsto iniciar este verano frente a las costas de Lanzarote y Fuerteventura. Parece ser que la Comisión Europea, en respuesta a determinadas quejas de ciudadanos canarios a las prospecciones, aún tiene dudas sobre si las perforaciones violan la normativa europea en materia medioambiental. En este sentido la Comisión argumenta que aún no se ha emitido una declaración de impacto ambiental. No es posible por tanto para la Comisión Europea determinar si se ha producido o no una infracción al derecho de la Unión Europea hasta que el proyecto haya recibido una autorización final por parte de las autoridades competentes. Unas declaraciones que muestran el flagrante despiste (simulado o no) de esa institución frente a la problemática de las prospecciones de Repsol.

Este comportamiento de la Comisión no es nuevo. En Tenerife el Observatorio Ambiental Granadilla se creó como consecuencia de un Dictamen de la propia Comisión. Su función radicaba en realizar un seguimiento de la correcta aplicación de las medidas correctoras que debían mitigar el impacto ambiental del puerto de Granadilla. Las dudas sobre la independencia de este organismo son fundadas. Pues bien, la Comisión Europea ha preferido mirar para otro lado y considerar que no hay irregularidades en los trabajos realizados por el OAG. 

Con el puerto industrial de Arinaga en Gran Canaria pasó algo parecido. La necesidad de dicha instalación no se argumentó adecuadamente. Una vez construido, diversos organismos han demostrado su baja operatividad. Hasta el punto que la Comisión llegó a reclamar a la Autoridad Portuaria de Las Palmas 11,7 millones de € de las ayudas FEDER con las que se financió el proyecto. Hace algo más de un año, la Comisión también resolvió cerrar el expediente que exigía devolver las ayudas. En ambos casos, las infraestructuras son una realidad y el daño ambiental provocado, también.

Las últimas decisiones tomadas por la Comisión en materia de renovables y respecto a la obtención de gas natural por el procedimiento de fractura hidráulica, invitan a ser pesimistas respecto a que la UE sea realmente un espacio de preservación del medio ambiente. En todo caso, estas decisiones mostrarían el verdadero rostro de unas instituciones europeas muy poco favorables a proteger un medio ambiente saludable y de calidad para todos los ciudadanos europeos.

domingo, 19 de enero de 2014

El barrio de Gamonal como síndrome

 
¿No convendría ver la cultura participativa en la ordenación del territorio y en la política ambiental más como una inversión en capital democrático que como un coste en tiempo? 

Se impone cada vez más la necesidad de hacer posible una participación efectiva del ciudadano en el ejercicio del poder, pero sin que esta siga reducida a la adopción de procedimientos o esquemas estereotipados de participación (…) 


Lo que ha ocurrido y está ocurriendo en el barrio burgalés de Gamonal no es nada nuevo. Lleva pasando desde hace décadas a nivel local. Se repite una y otra vez. Y Canarias sabe mucho de eso. El asunto tiene varias perspectivas pero todas confluyen en la misma deficiencia, la insuficiente exploración por parte del poder político de la participación ciudadana en los asuntos públicos. La consecuencia inmediata es la baja calidad de la democracia que padecemos los ciudadanos. Por eso Gamonal no es un síntoma sino un síndrome.

La secuencia de acontecimientos suele seguir las pautas siguientes:
El poder político que controla una administración local propone modificaciones de calado en asuntos que afectan la vida de las personas sin tener en cuenta su concurso. Los damnificados por estas decisiones tienen conocimiento de esos cambios cuando todo está aprobado y a punto de entrar en vigor. Nunca antes, por ejemplo en la fase de discusión y planteamiento inicial o en la de avance. En ocasiones el ciudadano tampoco se entera en la etapa de trámite final cuando aún se pueden hacer alegaciones. Ante la envergadura y el conocimiento de las actuaciones proceden a movilizarse visibilizando el conflicto social, expresando su malestar y exigiendo que se escuchen sus propuestas. Pero la cerrazón del poder político es mayor y se resiste a incorporar las demandas de los colectivos.

Amparado en los resultado electorales que le aúpan en la jefatura de gobierno de una institución, el poder político cree contar con la legitimidad suficiente para planear cualquier cambio en el estilo de vida de los gobernados, sin consultarles siquiera. En pleno siglo XXI, el poder político mantiene una visión estrechísima de la propia política, reducida a que el electorado, cual rebaño de borregos, vote cada cuatro años una supuesta hoja de ruta cuyo cumplimiento al cabo de la legislatura resulta, como mínimo deficiente y siempre insuficiente para que el ciudadano gane en bienestar.

Entonces las posturas terminan por radicalizarse y desde el poder político se desdeña la oportunidad que supone asumir el conflicto social mediante la cooperación, la escucha activa, la deliberación pública, las aportaciones de los afectados, etc. La pasividad y en muchos casos el nulo interés de los propios políticos en desarrollar e impulsar cauces de participación ciudadana en los asuntos públicos, demuestra que el poder político maneja un concepto de interés general impuesto, normalmente de forma autoritaria y bajo procedimientos escasamente democráticos.

La participación del ciudadano en los asuntos públicos es reconocida en la legislación. Es más, cuando se requiere que la administración defina qué es y qué no es de interés general, el concurso del ciudadano es imprescindible e insoslayable. Y en justicia, el poder político debería hacer un esfuerzo por mejorar y superar los cauces actuales de participación ciudadana, circunscrita a un conjunto de mecanismos burocráticos, protocolarios y de difícil puesta en marcha en algunos casos (ILP, exposición pública de proyectos, alegaciones,…) Estos mecanismos terminan disuadiendo la concurrencia ciudadana y demuestran la aversión intrínseca del poder político a consensuar directamente con las personas a las que deben su cargo, proyectos, medidas o actuaciones públicas.

El resultado es obvio. En aquellos casos en los que el ciudadano muestra interés en participar en los asuntos públicos aportando alternativas, divulgando o denunciando lo que consideran injusto o ilegal, de forma que dichas acciones entran en contradicción con lo planteado por el poder político, se les vilipendia duramente. Es entonces cuando interesadamente y utilizando los medios de comunicación el poder político intenta minimizar el impacto real de la discrepancia ciudadana para salvaguardar sus intereses electorales; cuando se vende su actuación como respuesta a algún plan dirigido desde la oposición; cuando se tacha de terrorista a los movilizados; cuando se dice al ciudadano que otras opciones a lo propuesto por el poder político no son posibles; o cuando, simple y llanamente, se les silencia o reprime violentamente en las calles.

Pero ¿Cuál es la razón última que explica que el poder político no impulse o permita la participación del ciudadano en el devenir de lo público? Cuando escarbamos e investigamos en el fondo de todas estas cuestiones terminamos descubriendo que en la gran mayoría de los casos sí ha habido participación ciudadana. Pero un tipo de participación opaca y reducida a la de un grupo privilegiado de señores con un gran poder económico, superior al del político, que de un modo u otro decide en la sombra qué se hace, a quién beneficia y a quiénes perjudica. Es entonces cuando entendemos la negativa del poder político a escuchar al ciudadano; cuando comprendemos su pereza en el cometido de desarrollar mecanismos de toma de decisiones que incorporen la opinión del ciudadano; cuando detectamos que el interés general definido por el poder político coincide sospechosamente con el interés particular del poder económico. Eso se llama secuestro de las élites políticas por parte de las económicas. Lo que en un lenguaje más llano y común podemos denominar corrupción.

Nuestro apoyo desde la distancia a toda la gente que en el barrio de Gamonal están luchando por hacerse oír. Están esforzándose en mejorar esta maltrecha democracia que sufrimos.

martes, 31 de diciembre de 2013

El lugar donde crecimos


¿Hay días o lugares afianzables en este mundo decadente? ¿Hay escenas de la vida por las que podamos sentir gratitud ahora? ¿Existe algún elemento que motive la alegría o la serenidad, aunque se manifieste de forma esporádica? ¿Existen razones para sonreír de vez en cuando sin ironía? 

El lugar donde vivimos. Robert Adams. 2013. 

Cuando naces en una isla lo primero que haces es buscar cómo puedes alcanzar el mar. El mar, añorado paisaje, imprescindible paisaje sonoro.

La casa estaba sobre el brazo de lava que prolongaba el acantilado en el mar. Todavía la veo…Sus tres ventanas blancas y la puerta de madera que daba salida a la terraza se reconocían desde el despeñadero por el que accedíamos. Construida con las manos y con el vigor de la juventud de Papá, significó durante años un refugio familiar contra la monotonía estival. Eran tiempos azules, mirábamos el esplendor de la costa norte de Tenerife a todas horas y creímos que se mantendría así para siempre; impetuoso y alcanzable por las mañanas, condescendiente y cálido por las noches.

Invadía la primera línea de costa sin complejos. Un privilegio que nos permitía sentir el territorio en su forma primera, sin domesticación. Entonces no apreciamos lo suficiente esa prebenda en un mundo hoy lleno. En esos días los lugares invadidos solo empezaban a agonizar. Saltábamos al agua desde los riscos y aprendimos a nadar con libertad. Un lujo que valoramos cuando ya no lo teníamos. En un pueblo sin playa, aquel espacio que hurtábamos a la naturaleza era un regalo divino. Eso nos absolvía.

Entre sus paredes rugosas pero básicas las conversaciones de los mayores tomaban tonos apasionados, como si pensaran que aislados de la civilización encontrarían la inspiración para resolver aquello que les atormentaba a diario. Sobre todo en las sobremesas, plácidas y mansas, después de saborear aquellos abadejos guisados con agua de mar por Mamá y que daban su último estertor servidos ya en el plato. Hasta con la cofradía de pescadores que allí malvivía terminaron. Parias que sofocaban su cansancio durante la mansedumbre de las tardes a cobijo bajo la sombra de las cuevas. Estaban predestinados al desvanecimiento más pronto que tarde.

Cuando has nacido en una isla lo primero que haces es buscar cómo puedes alcanzar el mar. Ojalá tuviéramos el consuelo de tenerlo cerca.

Pero el salitre terminó haciendo su papel. Lo que era blanco en la casa tornó a gris implacable y el goce de tener la familia a un palmo del mar también se fue apagando. ¿Qué esperábamos? Fue la inercia de la vida y el peso de la rutina de los años. Todos lo sabemos aunque no lo digamos. El tiempo, despiadado elemento capaz de enterrar casi todo. A menudo pienso si mis hijos tendrán la oportunidad de disfrutar de lugares como aquél…corríamos descalzos por el Llano esperando la noche. Noches que eran extrañas, incivilizadas pero estrelladas, amabas quedarte de madrugada a observar cómo se posaba la luna sobre el mar.

El progreso interesado también ayudó a derribar el lugar donde crecimos. No fue el único, otros cayeron antes pero Radazul y el hotel del Médano se mantienen. Con el Hotel Papagayo no han podido, tampoco con el edificio de envasado en Taguluche. Algunos indocumentados aún los defienden. Atentados ambientales que siguen ahí, quebrantando límites vitales. Hundirán otros en su lugar, las jerarquías de esta vida avasallan en ausencia de lucha.

Es ahora cuando el recuerdo de aquel lugar regresa tan consolidado que casi se puede tocar. Soy capaz de sentir en mis manos la áspera textura de las paredes de aquella casa. El frescor interior que daba la bienvenida, agradable recibimiento que no podías eludir en aquellas arribadas donde el calor resbalaba por la piel...Buceábamos como ballenas en alta mar y no pasaba nada. No es imaginación, es memoria contra la pérdida. Memoria que nos permite sobrevivir en este mundo de desatinos.

Ahora que al cabo de tantas visitas a lugares inefables reparo que el ser humano, de un modo u otro, acaba por alterar su idea de lugar donde ser feliz, sin ubicarlo ya en alguna zona real o en un espacio concreto, sino en postales manufacturadas o en casas de caprichoso diseño; ahora que he advertido todo eso, puedo colocar mi residencia eterna en el lugar donde crecimos. En la soledad de los pensamientos nocturnos, he visto procesiones de sirenas en el paraíso, desde los riscos se sumergían desnudas en purísimas aguas. Estaban en el lugar donde crecimos.

jueves, 26 de diciembre de 2013

Un año excelente para el turismo, pero…


…correlacionado directamente con el alto uso del paquete turístico que se realiza en Canarias, el 67% del gasto se produjo en origen frente al 33% que fue en destino. 


Acaba el 2013, uno de los mejores años desde el punto de vista turístico en Canarias de los últimos tiempos. Hasta noviembre de 2013, las Islas recibieron casi 9,6 millones de turistas extranjeros según las estadísticas de Frontur, un 4% más que el año pasado. A este ritmo todo apunta que se superarán los 10,2 millones de turistas extranjeros registrados en el año 2011, año récord.

En el mes de noviembre de 2013 han visitado las islas 1,073 millones de turistas extranjeros, el mejor mes en Canarias en términos de visitantes desde que se tienen datos estadísticos. Durante el mes de noviembre Canarias ha sido la comunidad de todo el territorio español con mayor crecimiento de visitantes extranjeros, un 17,9%. En lo que va de año se ha rebasado la cota del millón de visitantes extranjeros en dos meses más; marzo y octubre. En los mejores años anteriores (2001, 2002, 2003, 2008 y 2011) este fenómeno solo se había conseguido en el mes de marzo.

Además, según la Encuesta de Gasto Turístico Canarias concentró cerca del 40% del gasto turístico total satisfecho en España en noviembre. El gasto turístico en el Archipiélago durante el mes de noviembre ascendió a 1.262 millones de euros, un 23% más que hace un año. Y en el periodo de enero a noviembre de 2013 los turistas extranjeros han gastado en el Archipiélago más de 10.469 millones de euros, un 10,1% más que hace un año.

Tindaya
A pesar de estos datos positivos, la tasa de desempleo en Canarias según la EPA rebasa el 35% y sigue siendo de las más altas del territorio español. Tampoco parecen mejorar los índices de pobreza. En las Islas el 33,2% de la población se encuentra por debajo del umbral de la pobreza según la Encuesta de Condiciones de Vida de 2013. Ni siquiera los niveles de ingreso medio anual por persona en Canarias se acercan a la media nacional. En el archipiélago se sitúan en los 7.313€ según la publicación mencionada, mientras que para el territorio nacional este indicador se eleva hasta los 9.098 €, un 24,4% más.

No parece que a todos estos dramas, enquistados en Canarias desde hace años, pueda poner solución la buena marcha de la principal industria económica de las Islas, el turismo. Al menos este tipo de turismo, basado exclusivamente en un modelo de sol y playa. Conviene tener presente esto ante el optimismo y las esperanzas que suelen depositar en el sector turístico políticos de toda condición, empresarios del sector y demás agentes económicos. Expectativas que a nuestro entender son totalmente exageradas.

De las cifras antes relatadas podemos hacer dos observaciones:

La primera es que un mayor volumen de turistas no necesariamente está asociado a una mejora apreciable del empleo. Alcanzado ya el techo de visitantes en un territorio limitado como el nuestro, una cifra mayor de turistas poco más puede aportar al empleo. Lo que sí podría ocurrir es que más visitantes profundice de forma irreversible el deterioro del entorno ambiental de las Islas. El flujo actual de visitantes extranjeros (a los que habría que añadir los residentes) ya genera un impacto ambiental de grandes proporciones en el territorio canario.

La segunda es que un mayor gasto turístico tampoco parece tener una incidencia suficiente en la mejora de indicadores como el empleo, la pobreza o el ingreso medio por persona en la economía de las islas. El gasto turístico, un indicador al que se suele recurrir con frecuencia para analizar el impacto del turismo, se puede descomponer en dos indicadores más; el gasto turístico en origen y el gasto turístico en destino o en Canarias. Merece la pena que nos detengamos unos minutos en el análisis de la evolución de ambos indicadores, aportará luz sobre la paradoja de que en las Islas un mayor gasto del visitante no se traduzca en una mejora del empleo.

El segundo indicador mencionado, el gasto turístico en Canarias es el que tiene verdadera incidencia en la economía del archipiélago. Este es el gasto que se produce en destino como resultado de las actividades anexas al viaje que se derivan de la estancia en la Islas. El primero, sin embargo, está vinculado a la compra o contratación de paquetes turísticos en el país o región de origen del turista. El paquete turístico es un producto que se comercializa de forma única y contiene dos o más servicios de carácter turístico, normalmente vinculados al alojamiento, la manutención y el transporte del turista durante el viaje. Se trata de un producto por el que se paga un precio único por todo a una agencia de viajes o a un tour-operador.

El gasto en origen normalmente está relacionado con el uso del paquete turístico, por lo que allí donde se contrata el paquete turístico el gasto en origen será mayor. En el caso de Canarias la opción de viaje con paquete turístico es muy elevada, representa el 50,6% del gasto turístico total efectuado en las Islas, el doble del registrado para el total nacional según el Informe Anual 2012 del Instituto de Turismo de España (Pág. 117). Según este informe la opción más demandada para viajar a Canarias ha sido la del paquete turístico. En 2002 el peso de las llegadas con esta opción era en torno al 82%. En años posteriores este peso fue disminuyendo hasta llegar a su mínimo en 2010 con un 60%. A partir de ese año ha ido remontando hasta situarse en un 66% en 2012 (Pág. 121).

El mismo informe también indica que el 67% del gasto turístico en Canarias se produjo en origen, frente al 33% que fue en destino. Según esta distinción y recurriendo a la Encuesta sobre gasto turístico elaborada por el ISTAC podemos ver que el gasto medio en Canarias por turista se mantiene prácticamente inalterable en el valor medio de 339€ por trimestre desde el primer semestre de 2006. Incluso podríamos decir que el indicador experimenta una leve tendencia a la baja en los últimos trimestres. Por el contrario, es el gasto medio en origen por turista el que experimenta una tendencia al alza en los últimos tiempos, situándose en los 650€ de media por trimestre.

Todos estos fenómenos muestran las dificultades de las empresas canarias para motivar el gasto del turista en el archipiélago. Y son estas dificultades para alentar un mayor gasto en destino del turista las que podrían explicar, al menos en parte, la escasa incidencia del incremento del gasto turístico en la creación de empleo. Al mismo tiempo, el elevado peso de la opción de viaje con paquete turístico podría estar indicando el elevado poder de agentes externos como tour-operadores y agencias de viajes sobre el control de los flujos turísticos hacia las Islas. No parece que este modelo deje muchos réditos a la ciudadanía canaria. Así pues, convendría que desde los poderes públicos se fomente una política turística centrada en estimular que el turista gaste más y mejor en productos y servicios canarios, y mucho menos en promover la llegada masiva de más visitantes a un territorio cuyos privilegiados paisajes están ya muy castigados.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

¿Independencia? De quién y cómo


Si desde un punto de vista general fuera posible la independencia sin discutir el modelo social, entonces primero podríamos plantearnos la independencia, para después hablar del proceso social. Pero estoy convencida de que esto es imposible… 


Los desencuentros políticos entre el gobierno catalán (CiU y ERC) y el gobierno central (PP) han puesto en las primeras planas mediáticas el tema de la independencia. Asombra que se presente la discusión desde un punto de vista tan maniqueo, aunque está claro que esto buscan quienes alientan este hipotético debate. Los personajes antagónicos siempre se necesitan, así se logra sostener la ficción que construyen para satisfacción de sus fieles y de aquellos que les jalean.

Este es un asunto de interés que siempre ha estado sobrevolando la vida política canaria. Desde que algunos ven peligrar las cuotas de poder que les permiten hacer y deshacer a su antojo, raudos se apresuran a blandir la idea de independencia. Por supuesto, siempre con la boca pequeña, al menos en el caso canario, donde el nacionalismo de estas tierras siempre ha sido un nacionalismo carnavalesco, como de broma.

Tengo que declarar que los temas relacionados con la independencia o la autodeterminación de un pueblo me producen mucho respeto. Diría que carezco de una opinión clara y formada al respecto. Reconozco el derecho de autodeterminación de los pueblos porque así está establecido en la Carta de las Naciones Unidas y porque es un principio fundamental del Derecho internacional público. Me parece que tengo claro que un pueblo tiene que ser el que decida, en última instancia, su propia condición política. Creo que es un símbolo de democracia que se le pregunte a la gente si quiere o no la independencia en el marco de un debate colectivo, público, honesto y transparente. Sin embargo, no tengo nada claro que la independencia política suponga un pasaporte para vivir mejor, como algunos se esfuerzan en vender, si antes no se ha discutido el modelo social que debe subyacer a esa declaración. Llama la atención que no se efectúe una discusión razonada y seria sobre el tipo de sociedad que habría que construir tras esa declaración.

Sorprende que cada vez que se airean los temas relacionados con la independencia de un pueblo se hable de ella desde un punto de vista tan abstracto. A menudo se da por sentado alegremente que la independencia traerá bienestar y progreso por el simple hecho de que supondrá ganar en autonomía respecto del otro. Algunos políticos (y no políticos) se afanan en interpelar al ciudadano por la autodeterminación o la independencia pero ninguno se atreve a preguntar si desea unos partidos políticos más transparentes, por ejemplo, u otro tipo de democracia más representativa, o una economía más inclusiva.

En este sentido, qué discusión es primera ¿la de independencia sí o no, o la del patrón social que debe regir la vida de los nuevos ciudadanos independientes? Es decir, ¿Queremos la independencia pero manteniendo una partitocracia que siga dominando el nuevo Parlamento? ¿Perseguimos la independencia política pero sin cuestionar los factores económicos primeros que provocan la desigualdad social? ¿Anhelamos tocar la independencia sin antes tener claro que la justicia social sea el principio rector de la vida en común poniendo los medios para ello? ¿Sirve de algo que una región, se llame Cataluña, Canarias o Taiwán sean independientes políticamente pero continúen rindiendo cuentas en el ámbito económico a organismos internacionales como el FMI, el BM, o el BCE, promotores de los mayores desafueros económicos? ¿Ansiamos la independencia pero manteniendo la relación de subordinación de esa entidad política independiente con el sector financiero? ¿Tenemos interés en ser independientes y no hacer nada para crear un ecosistema económico incluyente capaz de respetar los valores físicos del planeta y restaurar las relaciones entre los individuos basadas en el bien común?

Me parece que una discusión previa sobre todos estos temas es vital si una región o un pueblo desea ser realmente independiente. De lo contrario, los debates alrededor de la independencia y la propia declaración corren el riesgo de convertirse en un simple instrumento al servicio de algunos poderes para ocultar la gestión de sus propios asuntos internos.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Yo pregunté a Rivero por el medio ambiente


Pura trampa retórica al servicio de ocultar la basura. 


¿No cree usted que el gobierno de Canarias no es el más indicado para hablar de protección medioambiental en las islas? 
¿Por qué lo dice? Según cifras del Observatorio de los espacios protegidos Europarc-España y el Ministerio de Medio Ambiente, Canarias cuenta con un 47,84% de su superficie protegida. En ese proceso de protección del territorio Coalición Canaria ha jugado un papel capital definiendo la normativa legal necesaria para ello.

Por obras como el puerto de Granadilla en Tenerife, por ejemplo.
La infraestructura de Granadilla era y es estratégica para Tenerife y las islas, y siguiendo la normativa de la Comisión Europea hay una institución, el Observatorio Ambiental de Granadilla, que vela por la corrección del impacto ambiental de esta obra en el territorio de Tenerife. El gobierno de Canarias estará siempre con aquellas intervenciones que traen riqueza para Canarias y el puerto de Granadilla traerá prosperidad a esta tierra, sin duda.

Pero ustedes aprobaron en 2010, con los votos del PP, un nuevo catálogo de especies protegidas que habilitaba la desprotección de los sebadales del sur de la Isla. Esto desbloqueó la ejecución de las obras, paralizadas hasta ese momento. No parece un proceder muy decoroso, muestra cierta connivencia política con la destrucción del medio ambiente.
El catálogo estuvo avalado por expertos de reconocido prestigio y se procedió con arreglo a la ley y con el apoyo sólido del Partido Popular. Nuestro actual socio de gobierno, el PSOE, que votó contra la norma en aquel entonces, considera agua pasada ese episodio.

Pues con ese catálogo la Comisión Europea considera vulnerada la Directiva Hábitat y ha exigido que la Comunidad Autónoma respete dicha directiva.
Revisaremos el catálogo. La Viceconsejería de Medio Ambiente ya está trabajando en ello y nos ajustaremos a lo que dice la normativa europea.

Igual es demasiado tarde, el puerto avanza y en cualquier caso demuestra que el catálogo que se aprobó en 2010 era fraudulento
Mire, lo que nos ha dicho la Comisión es que debemos revisar el inventario de flora y fauna que requiere protección del nuevo catálogo, no las obras del puerto. Quizás no fue el catálogo más adecuado pero no se ha vulnerado ninguna normativa y reivindico el consenso alcanzado entonces en torno al mismo por parte del Parlamento, que es la expresión de la ciudadanía. E insisto, el puerto nos traerá bienestar.

¿No le parece un contrasentido que el Gobierno de Canarias organice la parafernalia de la campaña Salvar Canarias contra las prospecciones y que no exista en las Islas una apuesta decidida por un cambio hacia un modelo energético sostenible?
Estamos en ello. Canarias tiene un plan estratégico con el año 2020 como fecha límite. Ese plan se fundamenta en un crecimiento inteligente, sostenible e integrador y en ello trabaja de forma intensa mi equipo. Además, hacemos nuestra las reivindicaciones de la Asociación Canaria de Energías Renovables. Exigimos la eliminación de todas las barreras impuestas por el Gobierno del PP al despegue definitivo del sector de las renovables en las islas.

¿No cree que es muy fácil, ahora que el PP es el enemigo, exigir una política que impulse las renovables, sobre todo cuando CC ha estado dos décadas en el gobierno autonómico y no se ha caracterizado por permitir avances en este sentido? En los últimos quince años no se ha instalado ningún molino en Canarias, por ejemplo ¿No hay cierto oportunismo en esta política de confrontación con el gobierno central? 
En Coalición nos hemos percatado de la relevancia del medio ambiente en las Islas, sustento de nuestra existencia y materia prima fundamental de nuestra principal industria económica, el turismo. Nos parece que todo esfuerzo para preservarlo es poco. En eso estamos y el pasado octubre inauguramos un aerogenerador en el municipio de Agüimes que confirma la apuesta de Canarias por la sostenibilidad. Una instalación que ha batido ya el récord de producción eléctrica por parte de un aerogenerador en España.

En la inauguración del aerogenerador de Gamesa estaban todos los políticos posibles, hasta el Ministro Soria estaba presente ¿Ese molino es la consecuencia de la política energética del Gobierno de Canarias, del gobierno del PP,…?
Mire, no sé a dónde quiere ir a parar pero ese molino es el resultado de una colaboración conjunta entre diferentes administraciones públicas entre las que está el Gobierno de Canarias. Deberíamos congratularnos todos por ello.

Por supuesto, lo digo por el significado de los gestos públicos. La Mancomunidad del Sureste viene defendiendo este tipo de proyectos desde hace muchísimo tiempo. De hecho este es el primer paso para un futuro parque eólico. Sería mezquino que otras administraciones intentasen apuntarse el tanto. 
Reitero mi respuesta anterior, deberíamos felicitarnos de la colaboración y el buen hacer de todos en este proyecto.

¿Cuánto de retórica y cuánto de realidad hay en la postura de defensa del territorio en Canarias por parte del Gobierno?
No hay nada de retórica y es todo realidad, créame. El petróleo es un combustible fósil que pertenece al pasado, el futuro está en las renovables. No nos queda otra. No permitiremos más que continúen tratándanos como a una colonia. El petróleo solo crea riqueza y puestos de trabajo para unos pocos.

Pero entonces ¿Cómo es posible que se apueste por la introducción del gas en las Islas? Usted mismo ha apoyado esa opción. 
El gas natural es el más limpio de los combustibles fósiles. Permitirá que Canarias haga la transición hacia fuentes de generación de energía totalmente limpias. El gas será un instrumento de transición que permitirá mantener un mix energético adecuado y competitivo para las necesidades de energía de los canarios.

Hay quien mantiene que su postura contra las prospecciones solo responde a una estrategia personal para continuar manteniendo el poder en Coalición ¿Qué hay de cierto en ello? 
¿En qué se basa para decir eso? Nuestra propuesta es sincera y supondrá una alternativa solvente para que Canarias salga antes de la crisis.

A nadie se le escapa que en el último congreso nacional de CC usted salió reelegido presidente de su partido gracias al apoyo de los responsables de las instituciones de Lanzarote y Fuerteventura. 
Bueno, es una interpretación. No me preocupa lo que se especule por parte de presuntos analistas políticos que un día dicen una cosa y mañana la contraria. Pero ante todo quiero decirle que el voto en el congreso nacional de principios de año fue secreto.

Entonces ¿Cómo explica las voces internas en su propio partido que han declarado un sí condicionado al petróleo? 
Hablan a título personal. Todo el mundo tiene derecho a mantener la opinión que sea sobre cualquier asunto. Otra cosa es la postura oficial de Coalición. Mientras yo continúe presidiendo el partido será de oposición rotunda.